Sí, absolutamente de acuerdo, no es necesario ser loco para ser diferente…
Hoy me levanté sonriente, porque a la vida se le ha de sonreír cuantas veces uno se dé cuenta que está vivo;
Grité cuanto pude porque el silencio aturde el semblante y crea melancolía;
Caminé kilómetros porque la quietud crea parsimonia en el espíritu;
Jugué en el parque con los chicos del barrio, con esos que por lo general desechamos de nuestro grupo de amistades;
Comí muchos helados, quizá demasiados para las dietas que absurdamente nos abstraen de nuestra libertad;
Visité a mis viejos, sí a mis viejos, aquellos que sentados en las puertas de las casas ven pasar las horas como si fueran eternidades;
Viajé cuanto pude, creo que recorrí una cuadra buscando nuevos horizontes porque el éxito se puede encontrar en las miradas;
Saludé a mi gente, sí a mi gente, esa que pasa indiferente y que viven rutinariamente la vida esperando milagros sin fe, sin esperanza;
Bailé zamba, porro, bailé la canción de la abuela, esa música que me recuerda la patria, que me recuerda mi pueblo, mi gente… bailé la cumbia que fue el vals del matrimonio de mis abuelos…
Fui a visitar mis amigos, sí a mis amigos; al negro que todavía corre como delincuente, que está arraigado a su propio racismo, que aun se comporta como esclavo siendo libre; al blanco que entre hipocresías y reuniones calman su sediento poder, de sangre, de muerte; al mestizo que no he podido comprender cuál es su raza, cuáles sus comportamientos, porque es tan negro por dentro que por fuera y es tanto blanco por fuera que por dentro, abusando de la realidad y mostrando una incompetencia frente a la libertad;
Abrasé a mi madre, a esa vieja que me entregó deliberadamente al destino pero que me enseñó a soportarlo, porque tantas veces nos quejamos de la falta de amor, de caricias, de besos y no volteamos hacia atrás para corroborar la existencia de los viejos, de la madre;
Saludé a mi padre, con su porte incólume, sus frases precisas y su arrogancia prescrita;
Chismoseé con las viejas de la esquina porque a la vida hay que darle sabor, de que sirve pasar por la vida sin alguna cualidad o a la muerte sin tener qué confesar…
Fumé un cigarro, tomé un café, y me deleité observando la peluquería donde se encuentran la vanidad y la porquería que emana de la apariencia;
Fui al bar, como olvidar el bar, donde los hombres desahogan las ansias que no saben sus esposas o las mujeres las ansias que no saben sus maridos, donde se pide lo que no se encuentra en casa, donde se venden los cuerpos por lo más vil y lo más bajo, el dinero;
Fui al teatro, a colorear la insatisfacción del hombre, las ganas de todo envuelta en aspiraciones viles, la tiranía que vivimos en nuestro reino, la soledad y la mentira que nos vuelve hipócritas hasta convertirnos en estúpidos, representada en la obra “Calígula” de Abert Camus;
Fui a la Iglesia, a vivir la soledad cotidiana y la tristeza de las bancas, a rezarle a Dios por la inhumanidad humana, a recrear los ojos con la hermosura de los vitrales y la placidez de la mirada de los santos, a buscar lo que se encuentra en todos lados pero no somos consientes, a ver nuevamente la cruz y dar gracias por ese sacrificio que solamente lo pudo hacer Jesús, a contemplar a María que me recuerda a mi madre y a la tuya que no se cansa de cargarnos, acariciarnos y mimarnos aunque seamos unos malos hijos;
Fui a la escuela, para corroborar su labor y sus cosechas, su conocimiento y su engaño, su material y su construcción, solamente lo divisé porque es tan sensible que puede perderse totalmente la visión con solo respirar;
Fui al río, a ver pasar esa agua que jamás volverá y tirar en ella el rencor que me queda y estos celos inconscientes que se dan entre la vida y la muerte…
Definitivamente, no hay que ser loco para ser diferente.
Hoy me levanté sonriente, porque a la vida se le ha de sonreír cuantas veces uno se dé cuenta que está vivo;
Grité cuanto pude porque el silencio aturde el semblante y crea melancolía;
Caminé kilómetros porque la quietud crea parsimonia en el espíritu;
Jugué en el parque con los chicos del barrio, con esos que por lo general desechamos de nuestro grupo de amistades;
Comí muchos helados, quizá demasiados para las dietas que absurdamente nos abstraen de nuestra libertad;
Visité a mis viejos, sí a mis viejos, aquellos que sentados en las puertas de las casas ven pasar las horas como si fueran eternidades;
Viajé cuanto pude, creo que recorrí una cuadra buscando nuevos horizontes porque el éxito se puede encontrar en las miradas;
Saludé a mi gente, sí a mi gente, esa que pasa indiferente y que viven rutinariamente la vida esperando milagros sin fe, sin esperanza;
Bailé zamba, porro, bailé la canción de la abuela, esa música que me recuerda la patria, que me recuerda mi pueblo, mi gente… bailé la cumbia que fue el vals del matrimonio de mis abuelos…
Fui a visitar mis amigos, sí a mis amigos; al negro que todavía corre como delincuente, que está arraigado a su propio racismo, que aun se comporta como esclavo siendo libre; al blanco que entre hipocresías y reuniones calman su sediento poder, de sangre, de muerte; al mestizo que no he podido comprender cuál es su raza, cuáles sus comportamientos, porque es tan negro por dentro que por fuera y es tanto blanco por fuera que por dentro, abusando de la realidad y mostrando una incompetencia frente a la libertad;
Abrasé a mi madre, a esa vieja que me entregó deliberadamente al destino pero que me enseñó a soportarlo, porque tantas veces nos quejamos de la falta de amor, de caricias, de besos y no volteamos hacia atrás para corroborar la existencia de los viejos, de la madre;
Saludé a mi padre, con su porte incólume, sus frases precisas y su arrogancia prescrita;
Chismoseé con las viejas de la esquina porque a la vida hay que darle sabor, de que sirve pasar por la vida sin alguna cualidad o a la muerte sin tener qué confesar…
Fumé un cigarro, tomé un café, y me deleité observando la peluquería donde se encuentran la vanidad y la porquería que emana de la apariencia;
Fui al bar, como olvidar el bar, donde los hombres desahogan las ansias que no saben sus esposas o las mujeres las ansias que no saben sus maridos, donde se pide lo que no se encuentra en casa, donde se venden los cuerpos por lo más vil y lo más bajo, el dinero;
Fui al teatro, a colorear la insatisfacción del hombre, las ganas de todo envuelta en aspiraciones viles, la tiranía que vivimos en nuestro reino, la soledad y la mentira que nos vuelve hipócritas hasta convertirnos en estúpidos, representada en la obra “Calígula” de Abert Camus;
Fui a la Iglesia, a vivir la soledad cotidiana y la tristeza de las bancas, a rezarle a Dios por la inhumanidad humana, a recrear los ojos con la hermosura de los vitrales y la placidez de la mirada de los santos, a buscar lo que se encuentra en todos lados pero no somos consientes, a ver nuevamente la cruz y dar gracias por ese sacrificio que solamente lo pudo hacer Jesús, a contemplar a María que me recuerda a mi madre y a la tuya que no se cansa de cargarnos, acariciarnos y mimarnos aunque seamos unos malos hijos;
Fui a la escuela, para corroborar su labor y sus cosechas, su conocimiento y su engaño, su material y su construcción, solamente lo divisé porque es tan sensible que puede perderse totalmente la visión con solo respirar;
Fui al río, a ver pasar esa agua que jamás volverá y tirar en ella el rencor que me queda y estos celos inconscientes que se dan entre la vida y la muerte…
Definitivamente, no hay que ser loco para ser diferente.
“Yo saludo muy bien a mis amigos y a los desconocidos,
Y usted no es mi amigo… y lo conozco muy bien”
Juan Felipe Tobón Mazo
quitadme todo lo que tengo pero no mi locura.
ResponderEliminarmi ser está impregnado, nostalgia y soledad, esperanza y compañía, amor y odio, pero sobre todo despojo, mi alma es confusión, estrella, luna y sol. huracán silencio y holas del mar. con una flor de girasol y un instante sin recordar. esto y poco más es mi alma, mi esclavo y libertador.
Excelente todo lo que resentas en este blog... Felicitaciones Poeta y sabes algo...
ResponderEliminarCon esta locura de abatidas alas,
que se le contagia hasta a las nubes,
que anda rebotando de imagen en espejos,
que no conoce ancla,
que nunca llega a puerto.
Con esta locura
de duendes, de dragones, de luceros
de humo, de miradas
sin brida, sin mojón, sin freno,
converso con la aurora
cuando ambas somos fuego.
Con esta locura
que lo cura todo
voy hasta tu pelo…
voy, voy, me enredo en él
me quedo.
Gladis Sierra
No, no hay que ser loco, simplemente mirar a tu alrededor y darte cuenta que la vida no se detiene, que cada instante es una muestra más de la grandeza de Dios en nuestras vidas y que solo basta con mirar con ojos del alma para ser diferentes....
ResponderEliminarLIZA MARIE SUÁREZ COTES